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El Señor proveerá

Mi ansiedad aumentaba durante el verano mientras pasaba de la escuela secundaria a la universidad. Me encanta tener todo planificado, y la idea de irme a vivir lejos de mi casa a estudiar y sin un trabajo me hacía sentir incómoda. Sin embargo, pocos días antes de dejar mi empleo de verano, me pidieron que siguiera trabajando a distancia para la misma empresa. Acepté, y sentí paz al saber que Dios se ocupaba de mí.

Entender las pruebas de la vida

El padre de mi amiga recibió el temido diagnóstico: cáncer. Sin embargo, durante las quimioterapias, aceptó a Cristo como Salvador y, al tiempo, su enfermedad entró en remisión. Durante 18 maravillosos meses, estuvo sano, pero el cáncer volvió… y peor que antes. Aunque él y su esposa enfrentaron la situación con preocupación y preguntas, también lo hicieron con una profunda confianza en Dios por la forma en que los había ayudado a atravesarla la primera vez.

La bendición que vendrá

Una amiga y yo fuimos a caminar con sus nietos. Mientras empujaba el cochecito, comentó que estaba desperdiciando sus pasos, ya que el medidor de actividad que tenía en la muñeca no los registraba porque no estaba moviendo el brazo. Entonces, le recordé que, de todos modos, esos pasos la ayudaban a estar físicamente saludable. «Sí —dijo riéndose—, ¡pero quiero conseguir esa estrella dorada electrónica!».

Algas y diatomeas


«¿Qué es una diatomea?», le pregunté a mi amiga. Miraba por encima de su hombro unas fotos que ella había tomado con su celular a través del microscopio. «Es como un alga, pero más difícil de ver. A veces, hay que colocar una gota de aceite en el lente o tienen que estar muertas para verlas», explicó. Mientras miraba asombrada las fotos, no podía dejar de pensar en el intrincado detalle que Dios aplicó al crear vida, ¡y que solo puede verse en un microscopio!


Jesús extendió la mano

A veces, la vida se vuelve ajetreada: los estudios son difíciles, el trabajo es agotador, el baño necesita una limpieza, y una taza de café forma parte de la agenda diaria. Llega el punto en que me obligo a leer la Biblia unos minutos por día, y me digo a mí misma que pasaré más tiempo con Dios la semana próxima. Pero no pasa mucho tiempo antes de que me distraiga y me hunda en las tareas cotidianas, y me olvide de pedirle la más mínima ayuda a Dios.

El anillo en la basura

Una mañana, en la universidad, desperté y encontré a Carol, mi compañera de cuarto, en estado de pánico. Su anillo no estaba por ningún lado. Revolvimos todo, y terminamos buscando en la basura.

Seguir la guía de Dios

En agosto de 2015, cuando me preparaba para asistir a una universidad a un par de horas de mi casa, me di cuenta de que tal vez no regresaría a vivir allí después de graduarme. Mi mente se volvió un torbellino: ¿Cómo podré dejar mi casa, mi familia, mi iglesia? ¿Y si Dios me llama a otro estado u otro país?