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Articles by David C. McCasland

El arte de perdonar

Una tarde, pasé dos horas en una exposición de arte —El padre y sus dos hijos: el arte de perdonar— en la que todas las obras se centraban en la parábola de Jesús sobre el hijo pródigo (ver Lucas 15:11-31). La pintura de Edward Rojas, El hijo pródigo, me pareció especialmente impactante. Retrata al hijo descarriado volviendo a casa, con sus ropas desgastadas y la cabeza gacha. Dejando atrás una tierra de muerte, entra al sendero donde su padre ya está corriendo hacia él. Al pie de la pintura, aparecen las palabras de Jesús: «cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia» (v. 20).

El poder de la demostración

Mis intentos de arreglar cosas en la casa suelen terminar en pagarle a alguien para que deshaga el daño que yo provoqué mientras trataba de solucionar el problema inicial. Pero, hace poco, reparé exitosamente un electrodoméstico con la ayuda de un video en YouTube donde una persona mostraba paso por paso cómo hacerlo.

Aunar esfuerzos

¿Por qué más de cinco millones de personas cada año pagan para correr varios kilómetros por un recorrido con obstáculos, subiendo paredes verticales, caminando en el barro y trepando por el interior de un caño mientras les cae agua? Algunos lo consideran un desafío para mejorar su resistencia o vencer sus miedos. Para otros, el atractivo está en el trabajo en equipo, donde los competidores se ayudan unos a otros. Alguien lo denominó «zona del no juzgamiento», donde personas que no se conocen se auxilian mutuamente para terminar la carrera (Stephanie Kanowitz, The Washington Post).

Nuestro fundamento seguro

Durante años, gente de nuestra ciudad construyó y compró casas en zonas con terreno inestable. Algunos sabían del riesgo, pero a otros no les avisaron. «Cuarenta años de advertencias de geólogos y de ordenanzas municipales elaboradas para asegurar la construcción de casas seguras» se ignoraron o no se explicaron, publicó un periódico de Colorado Springs el 27 de abril de 2016. La vista desde muchas de esas casas era espectacular, pero el terreno debajo de ellas era un desastre.

El problema con la soberbia

A las personas que alcanzan un nivel extraordinario de fama y reputación mientras están vivas, suele llamárselas «una leyenda en su propio tiempo». Un amigo mío que jugaba béisbol profesional dice que conoció a muchos en el mundo de los deportes que eran solo «una leyenda en su propia mente». La soberbia suele distorsionar nuestra forma de vernos, mientras que la humildad brinda una perspectiva realista.

Como un niño

Una noche, hace muchos años, después de orar con nuestra hijita de dos años de edad, antes de dormir, mi esposa quedó sorprendida con una pregunta: —Mami, ¿dónde está Jesús?

Lidiar con el retraso

Una caída del sistema informático global provoca cancelaciones de vuelos y deja a cientos de miles de personas atascadas en aeropuertos. Durante una tormenta de invierno, múltiples accidentes automovilísticos cierran importantes carreteras. Alguien que prometió responder «de inmediato», no lo hace. Los retrasos suelen producir enojo y frustración, pero los seguidores de Cristo, tenemos el privilegio de recurrir a Él por ayuda.

Procurar la unidad

De niño, en la década de 1950, nunca cuestioné el racismo ni la segregación que inundaban la vida en la ciudad donde vivía. En escuelas, restaurantes, transporte público y vecindarios, las personas de diferente color de piel estaban separadas.

Mi actitud cambió en 1968, cuando ingresé al programa de entrenamiento del ejército. Nuestra compañía incluía jóvenes de muchas culturas diferentes,…

Un nombre

Cleopatra, Galileo, Shakespeare, Elvis, Pelé. Todos son tan conocidos que solo necesitan un nombre para reconocerlos.

Han trascendido en la historia por lo que eran y lo que hicieron. ¡Pero hay otro nombre que sobresale por encima de todos estos o de cualquier otro!

Antes de que el Hijo de Dios naciera en este mundo, el ángel les dijo a…

Hora de completar

A fin de año, la carga de las tareas incompletas puede agobiarnos. Las responsabilidades en el hogar y el trabajo pueden parecer interminables, y lo que debería hacerse hoy se deja para mañana. Pero hay momentos en nuestro camino de la fe en que deberíamos hacer una pausa y celebrar la fidelidad de Dios y aquello que hemos completado.