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Sacrificio de Navidad

El clásico cuento de O. Henry, El regalo de los reyes magos, narra la historia de Jim y Delia, un matrimonio que atravesaba problemas financieros. La Navidad se acercaba y querían hacerse regalos especiales, pero la falta de dinero los llevó a tomar medidas drásticas. El bien más preciado de Jim era un reloj de oro, y el de Delia, su cabello largo y hermoso. Entonces, Jim vendió su reloj para comprarle unas peinetas a su esposa, mientras que ella vendió su cabello y compró una cadena para el reloj de su marido.

Regalo frágil

Cuando regalamos algo que puede romperse, nos aseguramos de que la caja lleve impresa en letras grandes la palabra FRÁGIL, ya que queremos que la traten con cuidado.

Misterios de Navidad

El cuento de Charles Dickens, Canción de Navidad, empieza con un misterio que rodea a Ebenezer Scrooge. ¿Por qué es tan malo este hombre? ¿Cómo se volvió tan egoísta? Luego, a medida que los fantasmas de la Navidad lo hacen recorrer la historia de su vida, las cosas se van aclarando. Vemos qué lo convirtió de un joven feliz en un tacaño miserable, y lo llevó al aislamiento y la angustia. Mientras se resuelve el misterio, también vislumbramos el sendero hacia la restauración. El interés por los demás saca a Scrooge de la oscuridad que lo envolvía, para rodearlo de un gozo desconocido.

Talla única

Como a la mayoría de los niños, me encantaba la Navidad. Solía husmear ansiosamente alrededor del árbol para ver qué juguetes me regalarían. Pero me desilusionaba cuando empezaban a darme camisas y pantalones. ¡Los regalos para adultos eran aburridos! La Navidad pasada, mis hijos me regalaron unas medias geniales, con dibujos y colores brillantes. ¡Me sentí joven otra vez! Aun los grandes pueden usar esas medias, que, como indicaba la etiqueta, eran «talla única».

El tamborilero

El tamborilero es una canción popular de Navidad escrita en 1941. Originariamente, se conoció como Villancico del tambor, y se basa en una tradicional canción navideña checa. Aunque los relatos de Mateo 1–2 y Lucas 2 no hacen referencia a ningún niño que toque el tambor, la esencia de la letra alude directamente al significado de adorar. Habla de un mago que invita a un muchacho a la escena del nacimiento de Cristo; pero, a diferencia de los otros magos, como el chico no lleva ningún regalo, le da lo que tiene. Entonces, toca su tambor, mientras dice: «Interpreté para Él mejor que nunca».

Amor sublime

Poco antes de la Navidad siguiente a la muerte de su esposo, una amiga nuestra escribió una carta asombrosa en la que describía cómo podría haber sido el cielo cuando Jesús nació. Decía: «Fue lo que Dios siempre supo que sucedería. Los tres eran uno, pero habían acordado permitir que su preciosa unidad se fracturara para beneficiarnos a nosotros. El cielo quedó sin Dios el Hijo».

Pax Romana

Nadie puede afrontar el precio de la guerra. Un sitio de Internet informa que, actualmente, 64 naciones están involucradas en conflictos armados. ¿Cuándo y cómo terminarán? Deseamos tener paz, pero no a expensas de la justicia.

Las realidades de la vida

Al parecer, la mayoría de nuestras luchas giran alrededor de querer algo que no tenemos o de tener algo que no queremos. Los anhelos más profundos y los desafíos más grandes se relacionan con tratar de ver la mano de Dios en estas dos realidades de la vida. Así comienza el relato de Lucas del nacimiento de Jesús.

Ayuda en la oscuridad

Nuestra vieja perra, una terrier blanca, duerme acurrucada al pie de nuestra cama. Ese ha sido su lugar durante trece años.

Descanso navideño

Cuando era niño, repartía periódicos para ganar dinero. Tenía que levantarme a las tres de la madrugada, los siete días de la semana, para que los 140 ejemplares estuvieran en el domicilio correspondiente antes de las seis de la mañana.

Santo es tu nombre

Una tarde, estaba conversando con un amigo a quien consideraba mi consejero espiritual, sobre usar en vano el nombre de Dios. «No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano», dice el tercer mandamiento (Éxodo 20:7). Tal vez suponemos que se refiere solamente a agregar el nombre de Dios a un insulto o usarlo de manera irreverente o poco seria. Pero mi consejero casi nunca perdía la oportunidad de enseñarme sobre la fe verdadera; entonces, me desafió a pensar en otras formas de profanar el nombre del Señor.

La importancia de la forma

Mientras estudiábamos en el instituto bíblico, un amigo y yo trabajábamos en una mueblería. A menudo, cuando entregábamos materiales, nos acompañaba una decoradora de interiores, la cual hablaba con los compradores mientras nosotros llevábamos el mueble del camión a la casa. A veces, teníamos que subirlos varios pisos… ¡y cuánto deseábamos hacer la tarea de la decoradora en lugar de la nuestra!

Celebremos

Después del gol que Asamoah Gyan, de la selección de fútbol de Ghana, le marcó a Alemania en el Mundial de 2014, todo el equipo lo festejó con un esquema coordinado de pasos de baile. Cuando el alemán Miroslav Klose marcó su gol a los pocos minutos, hizo una voltereta en el aire. «Los festejos en el fútbol son espectaculares porque revelan la personalidad, los valores y las pasiones de los jugadores», afirma Clint Mathis, un jugador que participó en el Mundial de 2002.

Cómo ser perfecto

En la temporada navideña, la búsqueda de la perfección se intensifica: imaginamos una celebración perfecta y nos esforzamos al máximo para lograrla, compramos los regalos perfectos, organizamos la comida familiar perfecta y elegimos la tarjeta de Navidad perfecta. Sin embargo, nuestros esfuerzos nos dejan desanimados y decepcionados cuando no podemos concretar lo imaginado: un desganado «gracias» por el regalo escogido, parte de la comida que se quema, un error tipográfico en las tarjetas que enviamos, niños que se pelean por los juguetes y adultos que reviven antiguas discusiones.

Hambre de Dios

Apoulapi es un anciano de los akha, una tribu que vive en las cordilleras de la provincia de Yunnan, en China. Hace poco, hicimos un viaje misionero y fuimos a visitarlo. Dijo que, debido a las lluvias, no había podido asistir al estudio bíblico semanal, y nos imploró: «¿Podrían compartir la Palabra de Dios conmigo?».