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Tu Padre sabe

T enía solo cuatro años y estaba acostado junto a mi padre sobre una alfombra en el suelo durante una calurosa noche de verano. (En esa época, mi madre tenía su propia habitación porque había tenido un bebé). Estábamos en el norte de Ghana, donde el clima es mayormente seco. El sudor me cubría el cuerpo y el calor me secaba la garganta. Tenía tanta sed que desperté a mi padre. En medio de aquella noche seca, él se levantó y tomó agua de una jarra para darme de beber. Durante toda mi vida, tal como en aquella noche, él fue un modelo de padre protector. Siempre me proveía lo que yo necesitaba.

Cuando no entendemos

A unque dependo diariamente de la tecnología para trabajar, no entiendo mucho cómo funciona. Enciendo la computadora, abro un documento Word y me pongo a escribir. De todos modos, mi incapacidad para entender cómo trabajan los microchips, los discos duros, las conexiones de Internet y las pantallas a todo color no impide que me beneficie de los avances tecnológicos.

Moldear el pensamiento

En esta era digital, se cumple la frase acuñada por el visionario Marshall McLuhan en 1964: «El mensaje está en los medios». Cuando las computadoras y los teléfonos celulares eran aún ciencia ficción, él predijo cómo influirían las comunicaciones en nuestra manera de pensar. Nicholas Carr explica que Internet está modelando el proceso de pensamiento y reduciendo la capacidad de concentración y reflexión. La información en línea penetra lentamente como una corriente de partículas.

Sin temor

Casi siempre que aparece un ángel en la Biblia, lo primero que les dice a quienes lo ven es que no teman (Daniel 10:12, 19; Mateo 28:5; Apocalipsis 1:17). Es comprensible, ya que, cuando lo sobrenatural se pone en contacto con nuestro planeta, suele aterrorizar de tal manera a los seres humanos que estos caen postrados. Sin embargo, Lucas habla de una manifestación de Dios en la Tierra de una forma que no asusta. En Jesús, Dios halló finalmente una manera de acercarse que no debe generarnos miedo. ¿Qué podría asustar menos que un bebé que acaba de nacer?

Alivio del sol abrasador

Como vivo en Gran Bretaña, no suelo preocuparme por las quemaduras de sol. Después de todo, una espesa nube lo bloquea con frecuencia. Sin embargo, hace poco, pasé unos días en España y, rápidamente, me di cuenta de que, con mi piel blanca, solo podía estar al sol unos diez minutos, tras lo cual necesitaba volver a refugiarme debajo de la sombrilla.

¿Quién les dirá?

L a Segunda Guerra Mundial había terminado; se había declarado la paz. Sin embargo, el joven teniente Hiroo Onoda, del Ejército Imperial Japonés, posicionado en Filipinas, no se había enterado. Como la última orden que había recibido en 1945 era que se mantuviera firme y resistiera, consideró que los avisos y los panfletos que dejaron caer donde él estaba ubicado eran un engaño del enemigo. Onoda no se rindió hasta marzo de 1974, casi 30 años después, cuando su comandante viajó desde Japón a Filipinas, revocó su orden inicial y lo liberó oficialmente de su deber. Finalmente, Onoda creyó que la guerra había terminado.

Porque lo amo

El día antes de que mi esposo regresara de un viaje de negocios, mi hijo dijo: «¡Mamá, quiero que papá vuelva!». Le pregunté por qué quería que volviera, esperando que mencionara algo sobre los regalos que su padre solía traerle o que echara de menos jugar a la pelota con él. Sin embargo, respondió muy serio: «¡Quiero que vuelva porque lo amo!».

¿A quién defiendes?

Cuando el maestro la llamó para que pasara al frente y analizara una frase en la pizarra, Kathleen se aterrorizó. Como había cambiado de escuela hacía poco, no había aprendido esa lección de gramática. La clase se rio de ella.

Con la frente en alto

Emilio vivía en la calle. Pasaba todo el año mirando el pavimento, mientras iba de un lado al otro de la ciudad. Por temor a que lo reconocieran, tenía vergüenza de mirar a los ojos a los demás, ya que no siempre había vivido sin un techo. No solo eso, también estaba todo el tiempo buscando en el suelo alguna moneda o medio cigarrillo. Mirar hacia abajo se volvió un hábito que le encorvó la columna vertebral, al punto de quedar fija y hacer que le resultara difícil enderezarse.

¿Quién te está mirando?

Dondequiera que iban los atletas que participaron en los Juegos Olímpicos 2016 en Río de Janeiro, podían ver a Jesús. Sobre el Corcovado, un monte de casi 700 metros de altura en esta ciudad brasileña, se eleva una estatua de unos 30 metros de altura, llamada Cristo Redentor. Con los brazos extendidos, esta enorme figura se ve de día y de noche desde casi toda la vasta metrópolis.

Imperfectos

En su libro Jumping Through Fires [Saltando entre llamas], David Nasser narra la historia de su travesía espiritual. Antes de conocer a Cristo como Salvador, se hizo amigo de un grupo de jóvenes cristianos. Aunque, por lo general, sus compañeros eran generosos, encantadores y con una mente abierta, David vio que uno de ellos le mintió a su novia. Al tiempo, ese joven reconoció su error y le pidió a ella que lo perdonara. Este incidente hizo que David se acercara más a sus amigos creyentes. Comprendió que ellos necesitaban de la gracia tanto como él.

Más de lo que podemos imaginar

¿Cuáles son los cinco mejores juguetes de todos los tiempos? Jonathan H. Liu sugirió los siguientes: palo, caja, cuerda, cilindro de cartón y barro. Son fáciles de conseguir, multiuso, para todas las edades, económicos, sin baterías y potenciados por la imaginación.

¡No rendirse nunca!

A Joop Zoetemelk se lo conoce como el ciclista más exitoso de Holanda, y esto se debe a que nunca se rindió. Comenzó y terminó el Tour de France 16 veces, antes de ganarlo en 1980. ¡Eso sí que es perseverar! Muchos han logrado triunfar tras subir una escalera especial llamada «no rendirse nunca». Sin embargo, otros han perdido la oportunidad de alcanzar el éxito porque abandonaron demasiado rápido. Esto puede suceder en todas las áreas de la vida: familia, educación, amigos, trabajo, servicio. La clave para la victoria es la perseverancia.

Lo mejor está por venir

¿L os mejores días de nuestra vida ya han pasado o están por llegar? Nuestra perspectiva de la vida —y nuestra respuesta a esta pregunta— puede cambiar. Cuando somos más jóvenes, miramos al futuro deseando crecer. Y, cuando crecemos, anhelamos el pasado, queriendo volver a ser jóvenes. Sin embargo, cuando caminamos con Dios, ¡lo mejor está por venir!

El precio de entrada

Todos los años, unos dos millones de personas de todo el mundo visitan la Catedral de San Pablo en Londres. Vale la pena pagar la entrada para apreciar la magnífica estructura diseñada y construida por Sir Christopher Wren a finales del siglo xvii. Sin embargo, el turismo ocupa un lugar secundario en este sitio de adoración cristiana. Una de las misiones principales de la catedral es «permitir que toda diversidad de personas se encuentre con la presencia transformadora de Dios en Jesucristo». Si quieres recorrer el edificio y admirar su arquitectura, debes pagar una entrada, pero no se cobra nada para entrar y asistir a las reuniones de adoración que se realizan diariamente.